




















En este caso ambos artistas coinciden en propuestas como la fabricación manual de objetos electrónicos como cámaras o Ipods, en papel. Bean realiza sus “aparatitos” en cartón, monocolor consiguiendo también un acabado sorprendente aunque más sobrio y menos retro.
Kyle Bean es un artista y diseñador gráfico que fabrica modelos hechos a mano con material de desecho, papel y sobre todo, toneladas y toneladas de paciencia y creatividad. Utiliza las tijeras, el pegamento y el papel con la precisión de un cirujano. Ha trabajado en publicidad, en editoriales de revistas, instalaciones animaciones, escaparates, desde la fotografía creativa a la escultura, pasando por el diseño o los trabajos audiovisuales. Se licenció en el 2009 y a pesar de su juventud ya ha trabajado para Diesel, Hèrmes, BBC, NY Times, GQ, Selfridges y Liberty.
Otro de los trabajos de Bean que más llama la atención es el realizado para la revista Wallpaper donde realizó retratos de los colaboradores de ese número con labras obtenidas al afilar lápices de distintos colores. Alucinante.
Uno de sus trabajos que más me ha gustado es la instalación de teléfonos móviles a modo de Matrioska, que se pueden meter uno en otro, a cada cual más chulo.
Tampoco está mal su obra “¿Qué fue antes, el huevo o la gallina?" En la que convierte cáscaras de huevo en una gallina de lo más realista.
Y no está mal tampoco esta serie de insectos realizados con palillos... menuda paciencia...!




Hoy vamos a ver la obra de Judith G. Klausner. Esta artista americana, muy joven, hace una obra que me ha llamado muchísimo la atención por lo original y lo variopinta que es. Siente atracción por las cosas pequeñas, cotidianas, que la mayoría de la gente ignora conviertiéndolas en la base de sus propuestas.
Por un lado trabaja con insectos de una forma delicada y sutil convirtiendo a estos pequeños seres, tan eficaces y por otro lado tan denostados por casi todo el mundo, en protagonistas de escenas fantásticas. Vestidos elegantemente y recreando escenas de cuentos y películas, de un modo similar a lo que ya habíamos visto en la obra de Anne-Catherine Becker-Echivard con sus sardinas. Judith consigue superar los prejuicios para encontrar la belleza en los insectos. Ella insiste en que se los encuentra muertos, que es de ese tipo de personas (yo hago lo mismo) que trata de salvar hasta a la más mínima araña con la que se encuentra.


Por otro lado trabaja también con materiales tan extraños como uñas humanas o dientes de leche de niño. Materiales de desecho que causan cierto “repelús” pasan a ser materia prima de obras delicadas y elegantes.
Y lo que la ha hecho más conocida, sin duda, es su trabajo con alimentos. A esta chica le gusta jugar con la comida, fusionando el pasado con los tiempos que corren. Está muy interesada en la transformación de alimentos envasados a través de procesos artesanales victorianos como el bordado. Le entusiasma este fenómeno que se está dando en su país, los EEUU, donde se empieza a cocinar en casa mirando con nostalgia los alimentos saludables que consumían los abuelos pero agradeciendo la comodidad que supone consumir alimentos ya cocinados que nos permiten invertir el tiempo en otras cosas. Borda con punto de cruz galletitas saladas, borda pan de molde imitando el moho, la mantequilla o un huevo frito con un realismo increíble y talla figuras imitando a las imágenes de los camafeos o a los retratos romanos con el relleno de las galletas. Su especialidad son las galletas Oreo, que son realmente un puntazo.